Emplear el hidrógeno y su basto potencial para modificar paulatinamente la matriz energética del país, es un reto que puede y debe plantearse Venezuela en su horizonte de planificación, en aprovechamiento de sus claras ventajas comparativas.

 

Cultivar los cuantiosos recursos de radiación solar disponible por ser un país rico en sol, ubicado en el denominado cinturón solar de la tierra, es el punto de partida para el cambio de los patrones de generación y consumo energético.

 

La ecuación correcta por implantar supondría utilizar, en principio, las abundantes fuentes hidrocarburíferas como medio de apalancamiento de la estrategia global. Una porción del gas natural disponible podrá destinarse para producir hidrógeno, por su parte el petróleo usado como plataforma financiera y de asociación con emprendimientos públicos y privados, podrá promover la siembra masiva de celdas fotovoltaicas en los emplazamientos seleccionados.

 

Paulatinamente se iría sustituyendo el gas natural como medio de obtención de hidrógeno, por técnicas electrolíticas basadas en electricidad limpia producida en las granjas solares. De a poco, con los volúmenes de hidrógeno almacenado se podrán instalar centros de generación eléctrica y combinarlos con los sistemas generadores de energía renovable, que irían multiplicándose en la geografía nacional.

 

En el mediano plazo, habrían de reemplazar las centrales termoeléctricas a base de combustibles fósiles, por sistemas distribuidos que combinan generación solar, eólica, hidrogenada e hidroeléctrica. Traspasado ese umbral Venezuela será energéticamente verde al 100%.

 

En paralelo, se habrá de ir creando las condiciones para disponer de una amplia red de hidrogeneras y conectores de electricidad, empleándose la plataforma existente en la infraestructura de las Estaciones de Servicio.

 

El Estado venezolano puede colocarse a la vanguardia mundial como promotor de una economía sostenible, si por iniciativa propia, emprende un ambicioso programa de instalación de surtidores de hidrógeno y de enchufes o tomas de corriente en toda su geografía, que brinden las condiciones suficientes para la incorporación gradual de vehículos de hidrógeno y vehículos eléctricos a su parque automotor, con miras al reemplazo de toda la flota existente basada en gasolina y gasoil.

 

A medida que la disponibilidad y asequibilidad de automóviles eléctricos y de hidrógeno aumente por la vía de avances en la tecnología y reducción de costos, la demanda del mercado venezolano se acrecentará con mayor velocidad que en otros países, dada la existencia de plataformas instaladas con surtidores para repostaje.

 

Corona esta visión objetivo, la declaratoria de Venezuela como territorio libre de emisiones vehiculares de gases contaminantes y la instauración de un sistema de movilidad ecológica donde el transporte público, de uso particular y de carga, utilicen combustibles ecológicos. Realización completamente posible de alcanzar en menos de tres décadas.

 

Además de lo descrito, hay mucho más por hacer, en aras de trazarse un plan sostenible de desarrollo nacional, en el que se empleen las inconmensurables riquezas utilizables y la privilegiada ubicación tropical del país. De seguida, algunos titulares:

 

  • Convertir al país en nación productora de hidrógeno verde, apalancando una industria productora de hidrógeno a partir de energía solar al punto de lograr importantes niveles de exportación de dicho combustible, una vez satisfecha la demanda local. En ese sentido, construir centros fabricantes de hidrógeno destinados a la exportación, mismos que operen preferentemente de madrugada y en horas de poca demanda eléctrica, en aprovechamiento de la potencia ociosa de la red interconectada nacional en dichas horas valle. También se podría producir hidrógeno “semi-limpio” a partir del gas natural cuyo proceso es menos contaminante para fines exportables, durante el período en el cual se avance con la construcción de los sistemas renovables.

 

  • Fijar una meta, digamos 2050, para sustituir todo el parque automotor venezolano por vehículos de hidrógeno y eléctricos. Para ello debe el país ser soberano en producción de hidrógeno, procurar la fabricación de diversos tipos de vehículo en la industria nacional (o dar estímulos a la importación), y adaptar la red de estaciones de servicio a fin de que toda la geografía nacional esté abastecida de dichos centros de repostaje, de la misma manera que al día de hoy se posee para el suministro de combustibles basados en hidrocarburos.

 

  • Estimular la iniciativa privada a lo largo de la cadena de la movilidad verde, vía incentivos fiscales, tanto como por asociaciones estratégicas y mixtas. Admitir emprendimientos en todos los campos: producción de hidrógeno verde, instalación de estaciones de repostaje de combustible, ensamblaje, manufactura local, importación y venta de vehículos, incluso generación eléctrica por medio del hidrógeno.

 

  • Preparar y adecuar las bases legislativas y normativas vinculadas al tema.

 

  • Crear un centro de estudio, investigación y desarrollo del hidrógeno, a fin generar conocimientos propios y de reproducir los avances tecnológicos ya alcanzados por otros centros especializados, así como el desarrollo de esquemas adaptados a nuestra realidad que posibiliten el acomodo de las nuevas tecnologías en el ámbito nacional.

 

  • Suscribir acuerdos y alianzas comerciales y de complementariedad con otros países y con empresas especializadas en la materia.

 

  • Crear un programa especial en el marco de la Misión Vivienda Venezuela, destinado a la construcción de ecoviviendas autosuficientes abastecidas por hidrógeno, del mismo modo, apoyar con fuerza los emprendimientos privados y comunales que apunten esta dirección.

 

  • Implantar en las grandes ciudades, en primera instancia, y en ciudades intermedias posteriormente, servicios de taxis eléctricos y de hidrógeno, a partir de las experiencias que ahora mismo discurren en otras latitudes. Lo propio deberá hacerse con las distintas modalidades del transporte público.

 

Las energías renovables se pueden acumular como hidrógeno. El hidrógeno almacenado puede ser un activo de alto valor que puede ser aplicado como medio para redistribuir la energía entre toda la humanidad, sin afectaciones al medioambiente. Avanzar en convertir a Venezuela en un país verde que democratiza el acceso a las energías, encarna la esencia de la revolución social, y económica que, apuesta por un futuro de trascendencia, en línea con el V objetivo del Plan de la Patria.

 

Si se conoce la preocupación latente en las esferas económicas, políticas y empresariales del mundo, en cuanto al inminente agotamiento del petróleo como principal fuente energética global, sobre todo por la merma del recurso, así como por la gradual disminución de la demanda, cada vez más dada al uso de energía renovables, vendría siendo hora de que Venezuela incluya dentro de sus planes estratégicos, una agenda alternativa que aborde dicha ineludible realidad futura y defina acciones tendentes a su incorporación en el campo de la economía descarbonizada, capaz de asegurar acceso y disposición universal a la energía no contaminante como instrumento para de soberanía, inclusión, igualdad, justicia social y prosperidad de toda la población sin distingos.