Por segundo ciclo consecutivo, el predecible fenómeno meteorológico de El Niño vuelve a tomar por sorpresa al país, a colocar el sistema eléctrico nacional en jaque y a los venezolanos, exceptuando a los caraqueños, en rigurosas jornadas de racionamiento eléctrico. La predecible sequía ocasionada por este fenómeno natural, ha bajado los niveles de los embalses de nuestras centrales hidroeléctricas a niveles críticos, obligando a que se tengan que parar algunas salas de máquinas generadoras de electricidad.

Cuatro años han pasado desde la última vez que El Niño saboteó la infraestructura eléctrica del país, período durante el cual, hemos tomado las medidas necesarias para que las consecuencias de este fenómeno sean aún más catastróficas sobre nuestro sistema eléctrico nacional (SEN), como por ejemplo: deforestación de nuestras cuencas hidrográficas (Según la FAO, el promedio anual de deforestación de Venezuela en el período 2010-2015 ha sido 213.700 Hectáreas/año), retrasos en obras (la central hidroeléctrica Tocoma con una capacidad de 2.160 KW debió ser inaugurada en el año 2012), no hacer mantenimiento con el fin de reducir la capacidad operativa de plantas termoeléctricas como Planta Centro, Tacoa y Ramón Laguna, así como otras medidas propias de una pésima gestión.

Sin embargo, el fin de este escrito no es detallar en estas medidas sino tratar de entender cómo El Niño puede seguir poniendo en peligro nuestro sistema eléctrico en futuros ciclos y tratar de encontrar soluciones sostenibles.

Una de las consecuencias del calentamiento global sobre Venezuela será la presencia de sequías más fuertes, incluyendo las originadas por El Niño. Estas sequías pueden tener un gran impacto sobre los embalses de las centrales hidroeléctricas, las cuales representan aproximadamente un 60 % del total de generación, así que vale la pena preguntar ¿Es esta forma de generación sostenible para el país?

Si la respuesta es no, entonces ¿Existe solución? O ¿estamos condenados a que la naturaleza se nos oponga y que nos haga obedecerla?

Una de las soluciones de los gobiernos del presidente Maduro y el ex presidente Chávez, ha sido tratar de expandir el sector termoeléctrico, mediante la instalación de plantas que queman gas, petróleo o diesel. Sin embargo estas formas de obtención de energía contaminan y son de las principales responsables del calentamiento global que seca al país.

Además de esto, el gobierno también está ejecutando la construcción, con sus debidos años de retraso, de centrales hidroeléctricas (Tacoma en el estado Bolívar y La Vueltosa en el estado Táchira) y parques eólicos (en el estado Zulia y en el estado Falcón).

Todos estos planes parecen no tomar en cuenta la urgencia de contar con un sistema eléctrico sostenible, ni mucho menos el potencial eléctrico del país en otras fuentes de energía renovables.

Según el estudio Energías Renovables para la Preservación del Ambiente (Duran V), Venezuela cuenta con los siguientes potenciales de energías limpias y renovables: 45.195 MW de energía eólica, 5 KW/m²/día de energía solar, 16.881 MW de biomasa en residuos agrícolas y 150 MW  de geotérmico. La suma de estas fuentes, exceptuando la solar, representa casi el triple de la demanda actual del país. Estas formas de energía no solo no contaminan sino que desde el año 2015, la energía solar y eólica se han vuelto tan económicas como la energía termoeléctrica a nivel mundial.

Venezuela cuenta con el suficiente potencial eléctrico para hacerle frente a las sequias de  El Niño y del cambio climático. Sin embargo, este fenómeno siempre nos tomará por sorpresa y este potencial siempre será una eterna promesa si las instituciones responsables de ejecutar estos planes terminan las obras lustros después de lo planificado, no ejecutan el debido mantenimiento y no toman en cuenta todas las variables que afectan la operatividad de la infraestructura eléctrica de la nación.