Entre los absurdos que se pueden observar en Venezuela, se añade uno más: un aumento de sueldo mínimo no es necesariamente una buena noticia. A pesar de los esfuerzos desde la retórica del gobierno en celebrar 34 incrementos salariales en 17 años, el discurso parece cada vez más estéril mientras el ciudadano anticipa que este nuevo incremento solo traerá más inflación. Contrario a lo que piensan miembros del gabinete del Presidente Nicolás Maduro, no es la guerra económica lo que produce inflación. Por el contrario, una economía sumida en excesivos controles en el proceso productivo, el aumento constante en la oferta monetaria, los niveles de escasez y desabastecimiento, además de un ciclo vicioso en la espiral precios-salarios ante los contantes incrementos salariales, son solo algunas de las variables que de forma estructural pueden explicar la complejidad del proceso inflacionario en el país.

De forma más simple pero sin querer reducir un tema tan complejo como este, la inflación se mueve en buena medida obedeciendo a expectativas. Es decir, si un individuo ha atravesado un proceso inflacionario en el pasado este mismo individuo esperaría que la inflación para el período siguiente sea al menos igual a la que ya ha experimentado. Sin obedecer estrictamente preceptos teóricos, un venezolano que viene de experimentar una inflación galopante que cerró para 2015 en 180% de acuerdo a estimaciones oficiales y que según consultoras locales se ubica entre 170% hasta 500% durante el primer semestre del año, espera que esta tendencia inflacionaria continúe. En consecuencia, organizará lo que pueda de su presupuesto tomando en cuenta que siempre lo que consiga estará “un poco más caro”.

Lo mismo que realiza una persona de forma individual puede extrapolarse a las empresas. Si una empresa tiene problemas para conseguir insumos, cada vez debe destinar más recursos para cubrirlos. Adicionalmente, realiza ajustes en su escala salarial progresivamente, bien como resultado de negociaciones con los trabajadores como por decretos oficiales. Por ende, al momento de fijar precios los empresarios contemplarán dentro de esta escala las expectativas en cuanto a lo anterior, por solo mencionar dos elementos dentro de la planificación de la empresa.

El pasado viernes el Presidente Nicolás Maduro anunció durante cadena nacional el incremento en 50% del salario mínimo así como el aumento de la base de cálculo del bono de alimentación, haciendo alarde de un nuevo récord que ostenta el socialismo del siglo XXI. Con orgullo, el Presidente aclaró que durante 17 años de revolución se han realizado 34 incrementos salariales – 11 de ellos durante los últimos tres años de su mandato – versus solo 9 incrementos realizados en la Cuarta República. Si bien la espiral inflacionaria que atraviesa Venezuela conlleva a tomar medidas para proteger el poder adquisitivo de sus ciudadanos, un incremento salarial del 50% no cumple con este objetivo al no atacar las causas estructurales del ciclo inflacionario y por el contrario activando la espiral de precios-salarios.

Este incremento pasa a ser el tercero realizado durante el año, acumulando una variación de 95,34%, muy por debajo de las estimaciones para la primera mitad del año. De acuerdo al VP de Planificación Ricardo Menéndez los recursos para el incremento salarial están garantizados y el ajuste representa Bs 500 millardos provenientes de la recolección de impuestos y de instrumentos establecidos en el decreto de emergencia económica, sin embargo, de acuerdo a fuentes locales algunas alcaldías controladas por la oposición no han logrado siquiera cancelar el ajuste realizado en mayo.

Adicional al incremento del salario mínimo, el presidente Nicolás Maduro anuncio el incremento en la base del cálculo del beneficio de alimentación, pasando de 3.5 UT a 8 UT, un incremento de 130,5% y acumulando un incremento de 529% en los últimos nueve meses. Sin embargo, si bien el mayor gasto para los venezolanos está concentrado en bienes de alimentación, no es secreto que debido a los altos niveles de escasez y las distorsiones generadas por los excesivos controles el venezolano suele conseguir la mayoría de los bienes controlados a través de intermediarios que cobran hasta 10 veces el precio del bien. Por si fuese poco, el Presidente Nicolás Maduro anuncia el incremento como si se tratase de una medida dirigida a favorecer al pueblo cuando al realizar el incremento en su mayor medida vía bono de alimentación atenta directamente contra el ahorro final del trabajador, cuyas prestaciones no experimentarán ninguna modificación dado que el bono alimenticio no modifica la base del cálculo.

Mientras la situación continúa haciéndose insostenible, el gobierno actual persiste en el uso de la demagogia como recurso de política sin entender la necesidad de cambios estructurales para efectivamente proteger al trabajador. Las reacciones generadas tras el anuncio del incremento del salario mínimo son una pequeña muestra de cómo el venezolano entiende la situación más allá de lo que considera el Poder Ejecutivo. El FMI recientemente revisó al alza su pronóstico de inflación para este año ubicándolo por encima del 700% indicado anteriormente. Entretanto, los miembros del gabinete económico insisten en elaborar nuevas teorías en cuanto a la formación del proceso inflacionario mientras la realidad muestra una imagen completamente distinta.

Restricciones a las empresas privadas por parte de la Sundde a subestimar el costo de la mano de obra dentro de su estructura de costos es una forma adicional en la cual se pretende obviar un efecto que ha sido evidente. Las últimas declaraciones del asesor económico del Presidente Nicolás Maduro, Alfredo Serrano Mancilla, ponen en evidencia el intento de hacer desaparecer los determinantes de la creciente espiral inflacionaria en la que se encuentra sumida Venezuela. Si bien es cierto que “la inflación no es consecuencia de una única variable” el ignorar el efecto del “combo masa monetaria y del salario” es sencillamente insensato y mientras la economía siga sumida en profundos controles – cosa que el gobierno persiste férreo a mantener – el proceso inflacionario será muy difícil de desmontar. Entretanto, el venezolano de a pie seguirá viviendo los efectos que sus mandatarios insisten en ignorar.