Corredores en el piso de remates de la Bolsa de Londres en 1980

“Estaba acostumbrado al ajetreo y la multitud en el piso”, dice Alasdair Haynes.

“Y para el lunes ya no quedaba nadie. Había un completo silencio, era extraordinario”, agrega Haynes, que solía trabajar en el piso de remates de la Bolsa de Valores de Londres, y ahora es presidente ejecutivo de la plataforma de negociación Aquis Exchange.

El lunes al que se refiere ocurrió hace 30 años. Fue el día del Big Bang, cuando, de un solo tajo, la City, el distrito financiero de Londres, fue desregulado y se revolucionó su destino convirtiéndolo en una capital financiera a la par con Nueva York.

El cambio de Londres en 1986, de las negociaciones de acciones tradicionales cara a cara a las negociaciones electrónicas, ayudó a la capital británica a superar a sus competidores europeos y convertirse en un imán de la banca internacional.

Bolsa de Valores de Londres

Incluso si Londres ahora pierde acceso al mercado único europeo, muchos creen que el legado del Big Bang es una infraestructura financiera con fundamentos demasiado profundos para alterarlo.

Pero muchos también dicen que esto sembró las semillas de la crisis financiera de 2008.

Hubo tres elementos clave en la revolución del Big Bang:

  • La abolición de los límites fijos en las comisiones de las transacciones
  • El fin de la separación entre los que negociaban acciones y los que asesoraban a los inversores
  • Permitir a las firmas extranjeras tener agencias de corretaje británica

La primera ministra británica Margaret Thatcher y el ministro de Hacienda Nigel Lawson (izq)

Al poner fin a las comisiones el Big Bang permitió más competencia; al terminar la separación de agentes y asesores, permitió las fusiones y las ofertas de adquisiciones; y al permitir la entrada de empresarios extranjeros abrió el mercado de Londres a los bancos internacionales.

Así, junto con la nueva magia de las transacciones electrónicas, la City saltó del siglo XIX al umbral del siglo XXI.

Mundo cambiante

Se piensa que fue Margaret Thatcher, como primera ministra, quien impulsó el Big Bang como parte de un programa de desregulación, pero ya había poderosas fuerzas en funcionamiento.

A principios de los 1980, las autoridades reguladoras amenazaban con llevar a la bolsa de valores al Tribunal de Prácticas Restrictivas.

Nicholas Goodison, entonces presidente de la Bolsa de Valores, creía que iba a ser mejor anticiparse a los abogados para evitar que se les forzara a destruir su libro de regulaciones.

En cualquier caso, el mundo estaba cambiando. Estados Unidos había abolida las comisiones fijas en 1974, y en 1979 el gobierno conservador británico abolió el control de cambio, lo que provocó el renacimiento financiero y económico en Reino Unido.

Capel Court

“Y hubo otros hechos”, dice David Buik, quien ahora es comentarista de mercados de la firma Panmure Gordon.

“Tenemos que recordar que el LIFFE (London Internacional Financial Futures and Options Exchange) (Mercado Financiero Internacional de Futuros y Opciones de Londres) comenzó en 1982 y ya había atraído a los grandes bancos estadounidenses y japoneses, sin mencionar las privatizaciones de British Gas, British Airways, etc.”.

Al final fueron Goodison, el Ministro de Comercio e Industria, Cecil Parkinson y el Ministro de Hacienda Nigel Lawson, quienes persuadieron a Thatcher de apoyar las reformas que cambiaron a la City para siempre.

Corredores e intermediarios

Los operadores de la City fueron divididos estrictamente en dos: corredores e intermediarios. Los intermediarios tratan con los clientes y después pasan las órdenes del cliente a los corredores quienes llevan a cabo la transacción real, cara a cara en el piso de remates.

Hasta 1967 las transacciones eran realizadas en el piso de remates del viejo Capel Court, conocido como “La Casa”, donde había “meseros” que mojaban el piso para evitar que se levantara el polvo.

Traders on the floor of the London International Financial Futures and Option Exchange, 1992

Hoy en día, la City previa al Big Bang tiene una imagen de caballero con sombrero de bombín para quien un buen almuerzo y una larga amistad eran más importantes que las ganancias.

Pero no siempre fue así, según Brian Winterflood, fundador de Winterflood Securities, quien fue intermediario en Greener Dreyfus desde los 1950.

“Almorzábamos, pero nunca dejábamos de llevar a cabo transacciones”, dijo en una entrevista en 1990.

“Si estábamos muy ocupados para ir a almorzar, no íbamos a almorzar, y nos robábamos una media hora aquí o allá”.

Bonanza de transacciones

Crucialmente para el subsecuente desarrollo de Londres como centro financiero internacional, el Big Bang produjo una “batalla campal” a medida que se fusionaban los corredores, los intermediarios y los bancos mercantiles tradicionales de la City.

Algunos fueron comprados por las cámaras de compensación británicas pero muchos más fueron adquiridos por bancos estadounidenses, europeos y japoneses más grandes.

Todas las 300 firmas miembros de la bolsa de valores habían sido nacionales, pero en un año 75 eran de propiedad extranjera.

Los intermediarios se desvanecieron y el piso de remates quedó desierto.

Todo esto significó que el volumen de transacciones que entraron por las nuevas terminales se disparó. Después del Big Bang sumaron en promedio más de US$7.400 millones a la semana, comparado con un US$4.500 a la semana antes de éste.

Y los costos también disminuyeron.

“Cuando yo comencé costaba una fortuna realizar una transacción, los balances entre las compras y las ventas eran enormes. Ahora puedes negociar con tu móvil por unos US$6”, dice Haynes.

Se dice que el Big Bang creó 1.500 millonarios. Cerca de 95% de las firmas habían sido propiedad de sociedades, y deslumbradas por las sumas masivas en oferta muchos vendieron y se retiraron.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-37798903