Empieza la cuenta atrás en Australia para lanzar al mercado paneles solares impresos que pueden producirse a una velocidad inédita hasta ahora. Con solo diez impresoras funcionando se podrían generar tantos como para suministrar energía a 1.000 viviendas al día y hacerlo, además, a un coste de producción de 10 dólares por metro cuadrado de paneles.

Todo esto se ha podido comprobar tras años de trabajo por parte de la Universidad australiana de Newcastle, donde se ha dado un paso más con la instalación de 100 metros cuadrados de módulos impresos en el tejado del campus. “Solo hay tres lugares de demostración a esta escala en el mundo, así que Australia forma parte de esa élite que trabaja para hacer de esta tecnología una realidad comercial”, asegura Paul Dastoor, profesor y creador de los paneles impresos.

Con esta instalación ha arrancado la fase de prueba final de esta innovación, que ha arrojado ya resultados en condiciones reales. Estos apuntan a que, a velocidad y precio de producción, esta propuesta suma como ventaja su buen comportamiento frente a los paneles fotovoltaicos convencionales en cuanto a constancia del flujo de captación en condiciones de nubosidad y de baja intensidad de luz.

Pero la ventaja competitiva de estos paneles está en que, de momento, no hay otra solución que se pueda producir a tanta velocidad. Con un precio de producción que hace que esta tecnología sea viable, los paneles se imprimen mediante procesos convencionales empleando una tinta electrónica avanzada. Desarrollar sus componentes ha supuesto años de trabajo para los investigadores, que ahora sintetizan esta tinta a escala usando materiales de carbono no tóxicos y aplicándola directamente o procesándola en tinta con agua.

Otro aspecto que ha impactado sobre estos paneles es que su bajo peso permite que se coloquen con enorme facilidad, prácticamente como si se estuviera extendiendo una sábana que, al final, se adhiere con tiras de velcro. Sobre esta particularidad, el investigador principal ha resaltado su importancia para facilitar los trabajos de instalación en cualquier lugar del mundo y en cualquier situación de emergencia.

“Esta tecnología es de bajo coste y muy fácilmente transportable, lo que la convierte en ideal para aplicaciones en la mayoría de países del mundo, en los que se estima que más de 1.200 millones de personas todavía no tienen acceso a la electricidad”, explica Dastoor, quien a subraya que estos paneles puedan ser muy eficaces como fuente de energía en casos de catástrofes humanitarias.

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