Se puede asegurar que con la implementación del tratado de París se ha establecido una fecha límite al uso de petróleo para generar electricidad y combustible. Este hecho ocasionará un descenso en la demanda del crudo y en sus precios, lo cual podría impactar, de nuevo, la economía de Venezuela.
A pesar de que desde hace unos años se ha desarrollado la idea de independizar la economía del petróleo,  ha existido la noción de que nunca lo dejaremos de utilizar completamente porque siempre lo necesitaremos para hacer productos derivados (combustibles, plásticos, entre otros). Sin embargo, desde hace algunos años ya existe la forma para empezar a romper con el encanto de esta noción.

Dicha forma es mediante el uso de biorefinerías. Las biorefinerías son instalaciones que utilizan materia orgánica (derivada de productos naturales)  como materia prima, la  procesan y pueden crear productos como polímeros, etanol, ácido láctico, es decir, productos derivados del petróleo. Estos productos tienen una gran cantidad de usos, incluyendo: combustibles, materia prima en la industria textil, alimenticia, farmacéutica y de plásticos. Además, en estas biorefinerías también se puede generar electricidad y gas de síntesis.

La materia prima puede provenir de residuos agrícolas, residuos de comida, madera y plantas no comestibles, dándole así un gran abanico de posibilidades en el mercado. Por ejemplo: en la industria maderera, las biorefinerías están siendo utilizadas para producir no solo pulpa para papel, sino también electricidad, etanol, metanol, ácido láctico, biopolímeros, lignina, fibra de carbón, entre otros.

Las biorefinerías ya han ido ganando mercado en países como Suecia, Brasil, Estados Unidos, Noruega, Finlandia  y Canadá, ayudando a estas economías a independizarse del petróleo, hacerlas más circulares y más sostenibles.

Al igual que con el desuso del petróleo como fuente energética, el cambio hacia biorefinerías será inevitable, es aquí cuando vale la pena preguntarse ¿qué hará Venezuela?